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Un castillo inexpugnable para la Covid-19


La residencia de mayores Vivens, en Añover de Tajo, no ha tenido positivos entre sus 42 usuarios y 22 trabajadoras
Manuel Moreno
TOLEDO Actualizado:07/09/2020 15:01h
• El 60% de los fallecidos por coronavirus en España eran internos en residencias de mayores
• «En un mes, mes y pico volverán a confinar a los mayores de todas las residencias»
La decisión que Pilar Serrano Pleite tomó el fin de semana del 7-8 de marzo fue, quizá, la más acertada de su vida: cerrar a cal y canto la residencia de mayores que dirige en Añover de Tajo. Y así continúa, porque los familiares ven a sus seres queridos desde el exterior.
De esta forma ha evitado, seis meses después, que la Covid-19 no haya entrado en Vivens, un centro geriátrico privado que abrió sus puertas el 1 de diciembre con una sola residente, Menchu.


«Veía en las noticias lo que pasaba en la Comunidad de Madrid y tuve como una corazonada. Entonces cerré el castillo», recuerda la directora, también propietaria junto con sus padres.
Cuando adoptó la decisión, había más de una treintena de internos. «El 90 por ciento de ellos vienen de la zona sur de Madrid —explica—, y no quería arriesgarme a que sus familiares los contagiaran. Por eso pensé: ‘Aquí no entra nadie’». Solo las trabajadoras, las 21 que Pilar dirige.
Si alguna tenía el más mínimo síntoma compatible con la enfermedad, se quedaba en casa; y Pilar enviaba un correo electrónico al departamento de Seguridad y Salud Laboral de Castilla-La Mancha comunicando la circunstancia. «Luego llamaban al mes —se lamenta—, cuando la trabajadora, que había dado negativo en la prueba, ya se había incorporado».

Cuenta que tampoco le tembló la mano cuando perdió la confianza en una empleada por su «irresponsable manera» de trabajar. «Le costó el despido, aunque sigue en litigio», dice.
Era la etapa más dura de la pandemia. «Ha sido una película de terror. Pululaba la muerte alrededor de la residencia y no teníamos material para combatirla —relata—. Hacía las peticiones por escrito [a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha], me respondían que tomaban nota, pero el material nunca llegó». «Fue el precio que tuvimos que pagar por ser una residencia limpia —asegura—. Otras estaban en peor situación y necesitaban el material. Además de no enviarlo, tampoco podíamos comprarlo, porque todo estaba requisado para los hospitales».
A día de hoy, desde la Junta no les han enviado «ni una triste caja de guantes. No hemos recibido nada, nos han tenido olvidados», se queja Pilar, quien opina que en la región «estamos muy mal organizados»».
También llegó a pedir al Ayuntamiento de Añover y a Geacam (empresa pública de gestión ambiental de Castilla-La Mancha) que pasaran a desinfectar los exteriores, pero al final la residencia corrió igualmente con el gasto.
No se le olvida tampoco cómo los sanitarios se negaron a ir cuando una de sus abuelas enfermó, «pero no por el coronavirus», puntualiza. «Insistí en que tenía que morir dignamente en un hospital, porque en la residencia no le podíamos dar los cuidados que necesitaba». Y al final accedieron.
Fiscalía de Toledo
Durante el estado de alarma, que finalizó el 21 de junio, la directora rechazó hasta seis ingresos. El primero entró el 20 de mayo. Guardaban una cuarentena de 14 días, aunque llevasen una prueba PCR negativa. Pero ha recibido un escrito de la Fiscalía de Toledo en el que le piden información sobre esos ingresos, «ya que no se podía admitir residentes durante el estado de alarma, algo que yo no sabía».
Ahora son 42 usuarios en un centro con 119 plazas. «No se han reducido costes ni personal, ni ha habido ningún ERTE; y todo el material sanitario contra la prevención de la COVID ha sido pagado por la residencia y con donaciones», cuenta Pilar, agradecida. «Pero no ha repercutido en los residentes», aclara.
«Me siento fatal»
Por lo que esta directora ha vivido, sentencia que «ha muerto muchísima gente por la mala, pésima, gestión del Gobierno. Entiendo que los hospitales estaban colapsados; entiendo que tenía prioridad una persona de 40 años sobre una de 80 con lo que se nos venía encima. Pero ellos sabían en diciembre que el virus llegaba, pero, bueno, no quiero hablar de temas de política».
Por eso se siente «fatal» cuando escucha que las residencias han sido cementerios para los ancianos. «Si los directores de muchos centros geriátricos reclamaron material pero no se lo dieron, como me ha sucedido a mí, ¿de qué forman iban a hacer frente a la pandemia?», se pregunta la directora.
En junio y en julio realizaron las pruebas serológicas a los residentes y a las trabajadoras. El resultado fue negativo. «Los médicos geriatras del Hospital Virgen del Valle nos felicitaron porque habíamos logrado que no entrara el virus», recuerda Pilar, orgullosa de ello, como se puede leer en la web del centro.
Y así continúan en esta residencia numantina, donde «estamos como si permaneciéramos en estado de alarma. No bajamos la guardia. Seguimos como el primer día».

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